Pensamientos

J.F. León Solis

Lleva años repartiendo sobre todo ilusión, aunque también muchos millones. Juan Francisco Solís León, a sus 44 años, es el representante de la tercera generación de una familia dedicada desde hace casi medio siglo a la venta de Loterías y Apuestas del Estado. Su administración, La Cuatro de Córdoba, el Gato Negro, en la plaza de las Tendillas, tiene hoy día el honor de ser la más antigua de la ciudad por el cierre de las anteriores.


- Es usted la tercera generación que regenta la administración pero, ¿cómo empezó todo? - En realidad, fue por mi abuela. Ahora la regulación es distinta y existe un concurso público para poder optar a abrir una administración. Pero antes se les concedían a las viudas de guerra y mi abuela, en este caso, solicitó la licencia y fundó El Gato Negro en 1963. Yo, en concreto, tomé posesión hace unos tres años, aunque siempre he estado ligado. De hecho, hoy por hoy este tipo de negocios sigue siendo de trasmisión familiar, se hereda de padres a hijos, los clientes, los nombres, las responsabilidades, etc. Sobre todo, porque se maneja mucho dinero y es fundamental la confianza.


- Porque, ¿es la seguridad primordial en el negocio? - Por supuesto. Los loteros dependemos del Ministerio de Economía y Hacienda y por nuestras manos pasa dinero del Estado, por eso, es fundamental la seguridad y el control. De hecho, está todo regulado y estamos obligados, como empresa pública, a pagar un seguro para custodiar estos bienes. Además, en todo caso, somos responsables únicos de la pérdida o el robo de lotería. Asimismo, por real decreto, debemos cumplir unas normas de seguridad similares a las de los bancos como el tipo de caja fuerte, la apertura retardada o el blindaje de cristales, por ejemplo.


J.F. León Solis, fotografia de José Huertos

Exactamente, ¿en qué consiste su trabajo? - Si resumimos muchos podríamos decir que en vender loterías y apuestas del Estado. Pero sería resumir bastante porque hace falta también paciencia, querer mucho el negocio y respetar y querer a los clientes que son los que te dan de comer. Y al margen de esto, pues estar al día de las nuevas tecnologías, hacer campañas, mantener la web... Además,la responsabilidad de custodiar bienes del Estado.


- También la de poder cambiarle la vida a muchos de los clientes... - Hombre, lo cierto es que la gente juega para que le toque o, al menos, con esa ilusión. Y esta claro que yo lo que quiero es dar muchos premios porque además de dar prestigio a la administración, es algo que repercute en la ciudad, es un motor. La lotería es una gran empresa.


- En concreto, ¿qué sueña la gente con hacer si le toca la lotería? - En general, el cliente sueña con pequeñas cosas, mejorar su casa, irse de vacaciones, comer bien, digamos que lo que comúnmente se denomina ‘la buena vida’. La mayoría busca un desahogo económico, no estar agobiado con el dinero, que ya es muy importante. Pero también hay que estar preparado para ganar dinero porque mucha gente no sabe usarlo y se vuelve un poco loca.


- ¿Cree, sin embargo, que se juega por ilusión o por vicio? - Se juega por ilusión. A mí sólo se me ha dado un caso de una señora que vino a la administración a pedir que no dejara echar quinielas a su marido porque era ludópata. Pero las loterías no generan adicción. Esto ocurre normalmente con juegos inmediatos, los bingos, las máquinas tragaperras y quizás el rasca de la ONCE.


- Y a usted ¿le ha ‘caído’ algo? - Pues sí y además, en ocasiones muy casuales. Tengo tres hijos, y cuando nació el mayor, me tocó dos millones de pesetas, de una forma un poco extraña. Con mi segunda hija tuve trece aciertos en la quiniela y con el tercero... no nos tocó nada, pero la verdad es que es tan bueno que ya es un premio.


- ¿Qué pasó cuando le tocaron esos dos millones de pesetas? - Pues es una historia bastante curiosa. Yo estaba en la administración y llegó un señor mayor, con vestimenta un poco dejada, y me pidió un décimo del 95 y se fue. Al rato volvió y me dijo que si quería que me tocara, que me quedara uno con fe. Luego llegó otro cliente, me pidió otro del 95 y ya sólo quedaba uno y decidí comprarlo, un poco por superstición. Y tocó, el segundo premio. Pero, la historia tiene su parte negativa. Antes, había que hacer un listado con el número, la serie, la fracción y el premio y se mandaba al banco para hacer todos los chequeos juntos y convocar a todos a la vez para pagarlo. Si uno faltaba el resto no cobraba. Y ese décimo faltó. Tiempo después llegó este señor y me preguntó si había tocado algo porque había ido a otra administración y le habían dicho que no, con lo que el hombre rompió el décimo en la papelera. Ese décimo, a punto de caducar, llegó pegado con cinta adhesiva, de alguna persona que no era él.


- ¿Fomenta esto que haya cierta desconfianza hacia los administradores de lotería? - Está claro que esto es un negocio para buena gente, por eso suelen ser negocios familiares. Hay que ser responsables, sinceros y decir lo que tienen porque cada vez la gente desconfía más y esto no es gratuito.


- Supongo que, como lotero, la Navidad le gustará especialmente - Sin duda, la Lotería de Navidad es algo especial, se vive con mucha alegría. Además de tener más eco mediático es un sorteo que está más repartido, influye en más gente y esto hace que te contagies. Las participaciones dan mucho trabajo pero también mucha satisfacción.


- En su administración, ¿cómo se vive el sorteo del 22 de diciembre? - Es un día de mucho bullicio. Aún así se vivía mucho mejor antes. La plaza de las tendillas estaba llena por la mañana de vendedores con los últimos décimos. Ahora, sigue siendo un día importante pero no como hace unos años. Es curioso que cuando se ha dado algún premio todo el mundo dice que lo vio y estuvo a punto de comprarlo, aunque no estaba colgado donde afirman que lo vieron. Además, aunque para mí, que soy cristiano, la Navidad empieza la noche de nochebuena pero, socialmente la Navidad comienza el 22 cuando los niños cantan el sorteo de Navidad.


- ¿Alguna vez le ha agradecido o culpado algún cliente porque les haya tocado o no un premio? - Generalmente los acertantes no suelen hacer regalos, tampoco importa, nosotros con trabajar y dar ilusión tenemos suficiente. Aunque sí hubo una ocasión en que una señora mayor que había ganado 5.000 pesetas y se empeñó en darnos 1.000, a pesar de que intentamos disuadirla para que no lo hiciera. Y por contrario, cuando a la gente no le toca lo aceptan bien, piensa “no me ha tocado, pero tengo salud”. En cualquier caso, es el cliente quien elige el número, así que no nos puede culpar.


- ¿Piensa, en este sentido, que con suerte se nace? - Yo siempre digo que la suerte es para quien la tiene no para quien la busca. Nunca puedes perseguirla, porque si la persigues corres el riesgo de caer en la ludopatía.

- ¿Considera que son los cordobeses supersticiosos? - Hay de todo. Hay quienes les da igual y quienes me han hecho cambiarles los décimos porque se los he dado grapado.

J.F. León Solis, fotografia de José Huertos

- ¿Se puede decir que el administrador de loterías es un vendedor de ilusión? - Claro que sí, vendemos sueños. Es íncreible, pero cuántas fincas hemos podido comprar sólo con la ilusión de que nos toque, cuántos planes hemos hecho sin todavía haber comprado el décimo, cuánta gente se habrá ido ya de viaje y aún tiene el décimo en la cartera, cuántas cuentas hemos hecho con el premio. En definitiva, todos buscamos soñar.



Entrevista publicada en el semanario La calle de Córdoba del 1 al 7 de Diciembre. En su edición nº 353.

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Loterías y apuestas del estado